Así se muere
La agarró por los cabellos de la nuca, la alzó con violencia, la obligó a ponerse en pie, pero al momento la arrastró con brusquedad, levantando la tierra por debajo de sus pies y se acercó, gritando como un condenado, a Mistle, que yacía junto a la pared.
—No tienes miedo a la muerte, ¿eh? —aulló, al tiempo que la obligaba a bajar la cabeza—. Pues entonces mira, Ratilla. Esto es la muerte. Así se muere. Mira, esto son tripas. Esto sangre. Y esto mierda. Esto es lo que el ser humano tiene en su interior.
Ciri se tensó, se retorció, aferrada por la mano de él, explotó en vómitos secos. Mistle todavía estaba viva, pero tenía los ojos nublados, descoloridos, como de pez. Su mano, como las garras de un halcón, se abría y se cerraba, envuelta en barro y boñigas. Ciri percibió un fuerte y penetrante hedor a orina. Bonhart estalló en carcajadas.
—Así se muere, Ratilla. En los propios meados. Soltó los cabellos de Ciri. Ella se incorporó a cuatro patas, sacudiéndose en sollozos secos y entrecortados. Mistle estaba allí, a su lado. La mano de Mistle, la delgada, delicada, suave, sabia mano de Mistle.
Ya no se movía.
A. Sapkowski (1997) La torre de la golondrina. Alamut
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Ilustración por Denis Gordeev. |

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