¿De quién es esta herradura?
—¿Veis, gentes, cuán rápido crecen los defensores de la bruja? —gritó el sacerdote, después de lo cual se dio la vuelta y deformó el rostro en una sonrisa maliciosa—. Bien, canallas, acepto para la ordalía a vuestro trío. ¡Llevemos a cabo el juicio de dios, determinemos la culpa de la bruja y comprobemos a un tiempo también vuestra virtud! ¡Pero no a espada, hacha, lanza o saeta! ¿Decís que sabéis las reglas del juicio de dios? ¡Yo también las conozco! ¡He aquí unas herraduras que descansan sobre el carbón, que están y a al rojo vivo! ¡Bautismo de fuego! ¡Bien, partidarios de la hechicería! Aquél que una herradura saque del fuego, me la traiga y no revele huella de quemadura, demostrará que la bruja no es culpable. Si acaso el juicio de dios otra cosa dijera, entonces moriréis vosotros y morirá ella. ¡He dicho! Los murmullos de desagrado del estarosta Laabs y su grupo quedaron ahogados por los gritos entusiastas de la may oría de los reunidos en torno al sacerdote, anticipando gr...