Que te ahogues
El brujo se inclinó sobre la borda. El agua en la sombra del barco era verdosa y parecía tan densa como gelatina. No tuvo que llamarla. La sirena surgió de pronto sobre la superficie envuelta en un chorro de agua. Durante un momento se mantuvo enhiesta sobre la cola, luego se zambulló en la ola, se dio la vuelta y se tendió de espaldas, mostrando en toda su integridad aquello que tenía hermoso. Geralt tragó saliva. —¡Eh, vosotros! —cantó—. ¿Todavía falta mucho? ¡La piel se me seca con el sol! Peloblanco, pregúntale si acepta. —No acepta —cantó el brujo—. Sh’eenaz, entiéndelo, él no puede tener cola, no puede vivir bajo el agua. ¡Tú puedes respirar en la superficie, pero él bajo el agua no! —¡Lo sabía! —gritó con voz aguda la sirena—. ¡Lo sabía! ¡Evasivas, tontas e ingenuas evasivas, y ni un pequeño sacrificio! ¡Quien ama se sacrifica! ¡Yo me sacrifiqué por él, todos los días tenía que encaramarme a los acantilados por él, me rompí las escamas del trasero, la aleta se me rasgó, me const...