Geralt, Yennefer (III) y Belleteyn

Hay una fiesta en el Continente, una celebración en el mes de mayo que festeja el ciclo eterno de la naturaleza, la llegada de la floración, la vuelta de la primavera tras un duro invierno. La fiesta de Belleteyn. Por la noche se encienden hogueras y se baila y se bebe en torno a ellas. Se escogen al Rey y la Reina de mayo. Es una noche en la que se ríe y se grita con alegría ¡Belleteyn! ¡Noche de Mayo! Una noche que no significa nada.

Ilustración por Wickard

Hace un año, dos meses y dieciocho días (Geralt lleva muy bien la cuenta), que Geralt y Yennefer se separaron en Aedd Gynvael. Geralt camina entre las hogueras, dejándose llevar en parte por el animo de la noche, hasta que el brillo de una estrella en un medallón se llevó toda su atención. Yennefer, agarrada a un mozuelo rubio se dejaba llevar por la energía de la noche. Pero el encuentro con el brujo, le hizo perder todo su interés por el chico.

Y volvieron a mirarse con ternura, y volvieron a ofrecerse calor. La hechicera no quería caer una vez más en lo que ya había vivido dos veces, no quiere despreciar a Geralt y a sí misma actuando con el brujo tal y como pensaba actuar con el joven rubio. Pero a pesar de lo que ella pensaba, Geralt no se fue, no le importaban las condiciones que la hechicera necesitara, seguía a su lado. Así que, juntos se alejaron del bullicio para pasar un rato juntos. 

Y qué diablos, es Belleteyn, es la noche de la magia. Pasarían la noche y por la mañana se separarían y no quedaría nada más, sólo disfrutar de la magia de la noche y luego volver cada uno a su camino, porque estar destinados y quererse no es suficiente, porque para no herirse de nuevo, no puede quedar en nada más. 

—Estamos hechos el uno para el otro —susurró—. ¿Puede ser que predestinados el uno al otro? Pero nada saldrá de todo esto. Una pena, pero cuando llegue el alba nos separaremos. No puede ser de otro modo. Tenemos que separarnos para no hacernos daño el uno al otro. Nosotros, predestinados el uno al otro. Hechos el uno para el otro. Una pena. Aquel o aquellos que nos crearon el uno para el otro deberían haberse preocupado de algo más. La mera predestinación no basta, es muy poco. Hace falta algo más. Perdóname. Tenía que decírtelo.

A. Sapkowski (1992) La espada del destino

Porque su historia, que nunca termina ni vuelve a empezar, debe quedarse con la magia del nuevo ciclo. 

¡Belleteyn! ¡Noche de Mayo!

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