Geralt y Yennefer II

La relación de Geralt y Yennefer acabó, en el último post, con el mal presagio de un dragón dorado y con la esperanza de Yennefer, de que no haya límites de lo posible. Los sentimientos del brujo y la hechicera eran demasiado fuertes como para obviarlos y no intentar ir contra el destino.

La pareja se fue, de nuevo, a vivir juntos. Moviéndose según la necesidad del trabajo de ella. Finalmente, se mudaron, de manera temporal, a Aedd Gynvael, una ciudad del valle del Toina. En dicha ciudad vivía un importante hechicero conocido como Istredd, con el que ella llevaba años teniendo una íntima amistad.

Desde el momento en el que llegaron a la ciudad, Geralt sentía que todo el entorno le ponía nervioso y le enfadaba. Su vida de brujo le llevaba habitualmente a buscar trabajo en los caminos, y verse encerrado en una ciudad, buscando los pocos monstruos que allí pueda encontrarse, no ayudaba en su humor.

Además, Yennefer se iba desde bien pronto a trabajar con Istredd dejándolo la mayor parte del tiempo sólo, vagabundeando por la ciudad en busca de cualquier trabajo que le permitiera entretener su día a día. En tan sólo tres días en la ciudad, los roces empezaron en la pareja. Él pedía irse ya de allí, y ella no hacía más que convencerlo de las ventajas de asentarse en una ciudad.

Entre los trabajos y sus conversaciones con la gente de la ciudad pusieron a Geralt ante la duda sobre lo que ocurría realmente entre Yennefer e Istredd. La hechicera venía con cierta costumbre a la ciudad , quedándose siempre al menos un mes y sus asuntos con el hechicero, parecían que iban más allá de lo profesional.

No tardó el brujo en ir a hablar con el susodicho y comprender que la situación era más compleja de lo que él mismo pensaba. Istredd, sin ningún pudor, le contó  que su relación con Yennefer a intervalos, aunque de forma regular,  ya no le era suficiente y que le había pedido que se quedara con él de manera permanente.

—Porque, ¿sabes?, es tu persona la que dificulta a Yennefer el tomar una decisión. Por ello te pido que te vayas voluntariamente. Que desaparezcas de su vida, que dejes de estorbar. En pocas palabras: que te vayas al diablo. Lo mejor, a escondidas y sin despedirte, lo que, como ella me ha confesado, has practicado a menudo.

—Cierto. —Geralt sonrió forzadamente—. Tu extrema sinceridad me produce cada vez mayor estupefacción. Me podía haber esperado cualquier cosa, pero no tal petición. ¿No crees que en vez de pedir, tendrías que haberme arrojado una bola de ray os por la espalda? No habría entonces estorbo, sólo un poco de hollín que habría que arrancar de la pared. Un método más fácil y más seguro. Porque, ¿sabes?, una petición se puede rechazar, pero una bola de rayos no.

—No tengo en cuenta la posibilidad de un rechazo.

—¿Por qué? ¿No será acaso esta extraña petición otra cosa que una advertencia que precede a un rayo u otro alegre hechizo? ¿Acaso esta petición ha de ser apoyada por más contantes argumentos? ¿Una suma que deje asombrado al codicioso brujo? ¿Cuánto piensas pagarme para que me aparte del camino que conduce a tu felicidad?

El hechicero dejó de golpetear el cráneo, puso sobre él la mano, apretó el puño. Geralt se dio cuenta de que los nudillos se le reblanquecieron.

—No era mi intención rebajarte con semejante oferta —dijo—. Lejos de mí algo así. Pero... sí... Geralt, soy hechicero, y no de los peores. No pienso jactarme de ser todopoderoso, pero muchos de tus deseos, si quisieras decirlos, te los podría conceder. Algunos, oh, con absoluta facilidad.

La espada del destino A. Sapkowski (1992)

La petición del hechicero no lleva más que a una discusión sobre quién es el verdadero amor y quién es sólo un simple encaprichamiento. Una pequeña lucha verbal entre ambos hombres, un ver quién la tiene más grande, quién era el último con el que ella se había acostado, quién era realmente importante para ella.

La posterior conversación con la hechicera no ayudaría en el humor del brujo. Una conversación en la que Yennefer descubre su error, el error de haber creído que Geralt, como brujo, como mutante sin sentimientos, no sentía un verdadero amor hacia ella. Conversación en la que la hechicera toma la decisión, decisión que le haría llegar tanto al brujo como al hechicero a través de milanas negras.

Geralt y Yennefer por Denis Gordeev

Al final, la testosterona por la que se mueven los hombres cuando de una mujer se trata, lleva al hechicero y al brujo a enfrentarse en un duelo por ver quién se queda con la dama. Un enfrentamiento casi a muerte y en el que, realmente, Istredd va con la única intención de morir. De morir a manos de su enemigo en asuntos del amor, porque esa misma mañana, una milana negra llegó a su casa con un mensaje igual que el que Geralt aún no había leído. Porque Yennefer ya había tomado decisión, y no había escogido a ninguno.

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