Moza de esparto
—Esa jaula —dijo la flaminica, como si no lo escuchara— tenía que servir al principio como comedero invernal para animales hambrientos, tenía que estar en el bosque llena de heno. Pero cuando agarramos a estos canallas, recordé los rumores malvados y las calumnias que los humanos cuentan de nosotros. Bien, pensé, vais a tener vuestra Moza de Esparto. Vosotros mismos os la sacasteis de la manga, como pesadilla que despierta el miedo, así que y o os voy a proporcionar esa pesadilla...
—Ordena que se detengan —susurró el brujo—. Honorable flaminica... No los queméis... Uno de esos bandidos tiene una información muy importante para mí...
La flaminica posó una mano sobre el pecho. Sus ojos de aciano eran amables y dulces.
—Oh, no —dijo con voz seca—. No, señor. Yo no creo en la institución del testigo de la corona. El librarse de la pena es inmoral.
—¡Deteneos! —gritó el brujo—. ¡No le prendáis fuego! ¡De...!
La flaminica realizó un breve gesto con la mano, y Arbolillo, que todavía estaba en los alrededores, taconeó con sus raíces y le puso una rama al brujo en el hombro. Geralt se sentó y además con impulso.
—¡Prendedle fuego! —ordenó la flaminica—. Lo siento, brujo, pero ha de ser así. Nosotros, druidas, valoramos y honramos la vida en cada una de sus formas. Pero el dejar con vida a los criminales es simple estupidez. A los criminales no les asusta más que el miedo. Así que les vamos a dar un ejemplo por el miedo. Albergo la esperanza de que no tenga que repetir este ejemplo.
A. Sapkowski (1997) La torre de la golondrina. Alamut
| Geralt y la hierofante por Denis Gordeev |
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