Ciri y Kaer Morhen
La última vez que hablamos de Ciri la dejamos en brazos del brujo, tras la caída de Cintra. Tras haber perdido a toda su familia, su hogar y haber vivido un auténtico infierno para lograr salir de la ciudad. Tras haber vagabundeado por los bosques y haber acabado con una familia de Sodden, por fin encuentra su destino, por fin encuentra a Geralt.
Hoy vamos a continuar con la historia de la princesa tras este encuentro, cómo fue la vida de Ciri junto con Geralt. Rápidamente tomaron el camino hacia el norte, hacia la fortaleza de Kaer Morhen, dónde Geralt pretendía pasar el invierno, manteniendo a Ciri alejada de la guerra y de aquellos que pudieran buscarla. La joven despertaba cada noche entre gritos, reviviendo en sus pesadillas la huida de Cintra.
Una vez llegaron a la fortaleza, Ciri se vio acogida por el resto de brujos que allí estaban, Vesemir, Eskel, Lambert y Coën. Entre los cinco brujos intentaron instruir a la princesa en aquello que ellos conocían, lo que supuso mucho ejercicio (de resistencia física corriendo por la senda y de equilibrio y reflejos entrenando en el péndulo), entrenamiento con la espada y muchas lecturas y clases cobre los tipos de monstruos que recorren el Continente.
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| Ilustración por Denis Gordeev |
Todo este entrenamiento es el mismo que cientos de niños habían hecho antes entre los muros de la fortaleza, con la única diferencia de que ella era la primera niña. Parte de su entrenamiento consistía en aprender las señales de los brujos y ser capaz de realizarlas, pero para sorpresa de todos, nunca lo consiguió.
Sin embargo, en uno de los primos días que la niña pasaba en la fortaleza, bebió sin querer uno de los elixires de los brujos, la gaviota blanca. El elixir hizo que la pequeña entrara en trance y farfullara unas palabras incomprensibles para los brujos. A este acontecimiento le siguieron otros dos momentos ne los que la niña entró en trance. En el último de estos, prediciendo la muerte de Coën y de Geralt.
Tras estos momentos de trance, Ciri nunca recordaba nada y los brujos preferían no preguntarle. Sin embargo, no sabían cómo actuar, por lo que Geralt decidió invitar a una buena amiga y hechicera a la fortaleza, para pedirle consejo. Esta no fue otra que Triss Merigold.

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