No llores

 
La levantaron, la pusieron sobre la capa. Geralt, sin una palabra, tomó las enjalmas, buscó la arquilla con los elixires mágicos, la abrió y maldijo. Todos los frasquitos eran idénticos y las misteriosas señales en los sellos no le decían nada.
—¿Cuál, Triss?
—Ninguno —jadeó, se sujetaba la tripa con las dos manos—. Yo no puedo... No puedo tomarlos.
—¿Cómo? ¿Por qué?
—Tengo alergia...
—¿Tú? ¿Una hechicera?
—¡Tengo alergia! —Rompió en sollozos causados por su rabia impotente y desesperada—. ¡Siempre la tuve! ¡No tolero los elixires! ¡Con ellos curo a otros, a mí misma sólo me puedo curar con amuletos!
—¿Y dónde tienes el amuleto?
—No sé. —Apretó los dientes—. Debo de habérmelo dejado en Kaer Morhen. O haberlo perdido...
—Mierda. ¿Qué hacemos? ¿Y no puedes echarte un sortilegio a ti misma?
—Lo he intentado. Precisamente éste es el resultado. No puedo concentrarme con estos espasmos...
—No llores.
—¡Te es fácil decirlo!

A. Sapkowski (1994) La sangre de los elfos. Alamut 

Ilustración por Denis Gordeev.

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