Zumo de manzana

—¿Beau? —preguntó confusamente el montón de rizos negros—. ¿Has traído el zumo?
—Lo he traído.
De por debajo de los rizos negros surgieron un rostro pálido y triangular, unos ojos violetas y unos labios grandes y ligeramente torcidos.
—Aaaaj... —Los labios se torcieron aún más—. Aaaaj... Me muero de sed...
—Tenga.
La mujer se sentó, arropándose con las sábanas. Tenía unos hombros hermosos y un cuello esbelto, al cuello llevaba una cinta de terciopelo negro con una alhaja en forma de estrella, cuajada de brillantes. Exceptuando la cinta no llevaba nada puesto.
—Gracias. —Le quitó el vaso de la mano, bebió con avidez, luego alzó las manos y se tocó las sienes. La colcha se le bajó aún más. Geralt volvió la vista. Con cortesía, pero de mala gana.
—¿Quién eres tú? —preguntó la mujer morena, frunciendo el ceño y tapándose con la colcha—. ¿Qué haces aquí? ¿Dónde diablos está Berrant?
—¿A qué pregunta tengo que responder primero?
Al instante lamentó la ironía. La mujer elevó la mano, lanzó un rayo dorado. Geralt reaccionó automáticamente: colocando ambos manos en la Señal de Heliotropo, desvió el hechizo justo delante del rostro, pero la descarga fue tan fuerte que le empujó hacia atrás, contra la pared. Cayó al suelo.

A. Sapkowski (1993) El último deseo. Alamut  


Ilustración por Denis Gordeev.
 

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