Mocosa

 
—Ven, mocosa, te llevaré a hombros.
Su cuerpo estaba templado y olía a gorrión mojado.
—¿Cómo te llamas, princesa? Lo he olvidado...
—Ciri.
—¿Y tus posesiones dónde están, si se puede preguntar?
—No te lo digo —murmuró—. No te lo digo y y a está.
—Me sobrepondré. No te menees y no te suenes los mocos en mis oídos. ¿Qué hacías en Brokilón? ¿Te perdiste? ¿Equivocaste el camino?
—¡Ni hablar! Yo nunca me equivoco.
—No te menees tanto. ¿Te escapaste de Kistrin? ¿Del castillo de Nastrog? ¿Antes o después de la boda?
—¿Cómo lo sabes? —Sorbió por la nariz, nerviosa.
—Soy increíblemente inteligente. ¿Por qué huiste hacia Brokilón? ¿No había direcciones más seguras?
—El tonto del caballo me metió aquí.
—Mientes, princesa. Con tu altura podrías cabalgar como mucho un gato. Y eso, en uno tranquilo.

A. Sapkowski (1992) La espada del destino. Alamut

Ilustración por Denis Gordeev.

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